El ataque cardíaco también se conoce como infarto de miocardio.
Si se produce un ataque cardíaco, es necesario recibir tratamiento de inmediato a fin de evitar la muerte. Llama al 116 o busca atención médica de emergencia si crees que estás teniendo un ataque cardíaco.
Síntomas
Los síntomas de un ataque cardíaco varían. En algunas personas, estos síntomas son leves. Otras personas tienen síntomas graves. Algunas personas no presentan síntomas.
Los síntomas frecuentes de un ataque cardíaco incluyen:
- Dolor en el pecho que puede sentirse como presión, opresión, dolor, o sensación opresiva o de dolor.
- Dolor o molestias que se propagan al hombro, al brazo, a la espalda, al cuello, a la mandíbula, a los dientes o, a veces, a la parte superior del abdomen.
- Sudor frío.
- Fatiga.
- Acidez estomacal o indigestión.
- Aturdimiento o mareos repentinos.
- Náusea.
- Falta de aire.
Las mujeres pueden tener síntomas atípicos, como dolor punzante o breve en el cuello, el brazo o la espalda. A veces, el primer síntoma de un ataque cardíaco es un paro cardíaco repentino.
Algunos ataques cardíacos se producen de repente, pero muchas personas tienen signos y síntomas de advertencia horas, días o semanas antes. El dolor en el pecho o la presión (angina) que persiste y no desaparece con el descanso puede ser un signo de alarma temprano. La angina de pecho es el resultado de un descenso temporal del flujo sanguíneo hacia el corazón.
Los ataques de corazón son más frecuentes de lo que uno pensaría. De hecho, son la primera causa de muerte en el mundo. Este tipo de ataques suele originarse al obstruirse las arterias coronarias. De esta forma, habrá un riego sanguíneo insuficiente. Pueden ser causados por coágulos de sangre; cuando el músculo cardíaco se deteriora, o cuando el oxígeno no llega eficientemente a este.
La gravedad de los ataques cardíacos es que, si no se tratan a tiempo, pueden producir una muerte súbita cardiaca. Esto suele generar bastante temor entre muchas personas piensan que son difíciles de prevenir. La verdad es que, simplemente con una dieta balanceada y actividad física, se reduce las probabilidades de sufrir, antes de tiempo, un paro cardíaco.
Lo que sí es complicado es dejar los malos hábitos. A pesar de que fumar y el sedentarismo son actividades que pueden ocasionar relajación, son nocivas para la salud. Los factores de riesgo como la hipertensión, la diabetes y el tabaquismo incrementan el riesgo de tener un paro cardiaco. Probablemente el más importante es la obesidad.
¿Qué dice la ciencia al respecto?
A raíz de un estudio elaborado por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, el Brigham and Women’s Hospital y la Universidad de Indiana que fue publicado en el Journal of the American College of Cardiology, los investigadores recurrieron a seis consejos para lograr un estilo de vida más sano, y así, evitar la posibilidad de un ataque cardíaco.
Los investigadores siguieron durante dos décadas (1989-2009) a una población de 70 mil personas. Durante el estudio, intentaron probar que tres cuartas partes de los ataques cardíacos podrían evitarse si se adoptaran seis hábitos de vida saludables. En el transcurso de la investigación, 456 mujeres sufrieron ataques al corazón y 31691 presentaron factores de riesgo cardiovascular.
Al mismo tiempo, las que desarrollaron hábitos saludables presentaron un 92% menos de ataques y una tendencia de 66% menor a desarrollar un factor de riesgo.
Basándonos en el estudio antes mencionado, te presentamos siete hábitos que puedes planificar desde la cotidianidad de tu casa para que puedas evitar un ataque al corazón y así, llevar una vida sana.
Cambios en el estilo de vida que te ayudaran a prevenir un episodio cardíaco
No fumar
Si fuma, déjelo. Si alguien de su casa fuma, anímelo a dejar de fumar. Sabemos que es difícil. Sin embargo, es más difícil recuperarse de un ataque al corazón o un derrame cerebral, o vivir con una cardiopatía crónica. Comprométase a dejarlo. Estamos aquí para ayudar si lo necesita.
Elegir una buena nutrición
Una dieta saludable es una de las mejores armas que tiene para combatir las enfermedades cardiovasculares. Lo que come (y cuánto) puede afectar otros factores de riesgo controlables: el colesterol, la presión arterial, la diabetes y el sobrepeso. Elija alimentos ricos en nutrientes, que tienen vitaminas, minerales, fibra y otros nutrientes, pero son más bajos en calorías, en lugar de alimentos con pocos nutrientes. Lleve una dieta en la que consuma muchas verduras, frutas y cereales integrales; incluya productos lácteos desnatados, carne de ave, pescado, legumbres, frutos secos y aceites vegetales no tropicales; y controle el consumo de dulces, bebidas azucaradas y carnes rojas. Para mantener un peso saludable, combine su dieta con un nivel de actividad física que le permita quemar la misma cantidad de calorías que consume.
Hipercolesterolemia
La grasa que se acumula en las arterias es una bomba a punto de estallar. Antes o después, podría provocar un ataque al corazón o un derrame cerebral. Tiene que reducir el consumo de grasas saturadas, grasas trans y colesterol, y ponerse en marcha. Si la dieta y la actividad física no reducen esos números, la medicación puede ser la clave. Siga las indicaciones de su médico para controlarlos. A continuación, le indicamos dónde deben estar los niveles:
- Colesterol total
Su puntuación de colesterol total se calcula mediante la siguiente ecuación: HDL + LDL + 20% del nivel de triglicéridos.
- Colesterol de lipoproteínas de baja densidad (LDL) = colesterol “malo”
El nivel bajo de colesterol LDL se considera bueno para su salud cardíaca. Sin embargo, la cifra de LDL ya no debe ser el factor principal para orientar el tratamiento a fin de evitar un ataque al corazón y un derrame cerebral, de acuerdo con las últimas directrices de la American Heart Association. En el caso de los pacientes que toman estatinas, las directrices indican que ya no tienen que reducir los niveles de colesterol LDL a un objetivo específico. Factores del estilo de vida, como una dieta rica en grasas saturadas y trans, pueden incrementar el colesterol LDL.
- Colesterol de lipoproteínas de alta densidad (HDL) = colesterol “bueno”
En el caso del colesterol HDL (bueno), los niveles más altos suelen ser mejores. Un nivel bajo de colesterol HDL supone un mayor riesgo de padecer cardiopatías. Las personas con niveles elevados de triglicéridos en sangre suelen tener también un colesterol HDL más bajo. Los factores genéticos, la diabetes de tipo 2, el tabaquismo, el sobrepeso y el sedentarismo pueden dar lugar a un nivel bajo de colesterol HDL.
- Triglicéridos
Los triglicéridos son el tipo más común de grasa en el cuerpo. Los niveles normales de triglicéridos varían según la edad y el sexo. Un nivel alto de triglicéridos, combinado con un nivel bajo de colesterol HDL o un nivel alto de colesterol LDL, se asocia a la aterosclerosis, es decir, a la acumulación de depósitos grasos en las paredes arteriales que aumenta el riesgo de sufrir un ataque al corazón o un derrame cerebral.
Reducir la hipertensión arterial
Se trata de un factor de riesgo importante de derrame cerebral y una de las principales causas de discapacidad en Estados Unidos. La recuperación del derrame cerebral es difícil en el mejor de los casos y podría dejarle secuelas que lo deshabiliten de por vida. Reduzca el consumo de sal, tome los medicamentos según las recomendaciones de su médico y comience a moverse. Las cifras deben bajar y mantenerse en niveles bajos. Una lectura óptima de la presión arterial es inferior a 120/80 mmHg.
Realizar actividad física a diario
Realice actividad física a diario. Las investigaciones demuestran que al menos 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada pueden ayudar a reducir la presión arterial, reducir el colesterol y mantener el peso en un nivel saludable. Y algo ES mejor que nada. Si actualmente no realiza ninguna actividad, empiece poco a poco. Incluso unos minutos cada vez pueden aportar beneficios para la salud. Hay estudios que indican que incluso las personas que llegan a un nivel moderado de estado físico tienen muchas menos probabilidades de morir antes que las que están en mal estado físico.
Mantener un peso saludable
La obesidad es muy frecuente en Estados Unidos, no solo en adultos, sino también en niños. Las dietas de moda y los suplementos no son la solución. Una buena nutrición, el control del consumo de calorías y la actividad física son la única forma de mantener un peso saludable. La obesidad aumenta su riesgo de colesterol alto, hipertensión arterial y resistencia a la insulina, un precursor de la diabetes de tipo 2; los mismos factores que aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Su índice de masa corporal (IMC) puede ayudarlo a determinar si su peso es saludable.
Controlar la diabetes
Al menos el 68% de las personas mayores de 65 años con diabetes muere de alguna forma de cardiopatía y el 16% fallece a causa de un derrame cerebral. Para una persona con diabetes, factores de riesgo como la hipertensión arterial, el colesterol alto, el tabaquismo, la obesidad y la falta de actividad física pueden aumentar considerablemente sus probabilidades de desarrollar enfermedades cardiovasculares.
Limitar el consumo de alcohol
Beber demasiado alcohol puede aumentar la presión arterial e incrementar el riesgo de miocardiopatía, derrame cerebral, cáncer y otras enfermedades. También puede contribuir a elevar el nivel de triglicéridos y producir latidos cardíacos irregulares. El consumo excesivo de alcohol contribuye a la obesidad, el alcoholismo, el suicidio y los accidentes.
Sin embargo, el consumo moderado de alcohol tiene un efecto cardioprotector. En el caso del alcohol, los hombres deben limitar el consumo a no más de dos bebidas al día y las mujeres a una bebida al día. Para el National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo), una bebida son 44 ml de licor de 80 grados (whisky bourbon o escocés, vodka, ginebra, etc.), 148 ml de vino o 354 ml de cerveza normal. No se recomienda el consumo de alcohol a los no bebedores ni el aumento de la cantidad a quienes sí lo consumen.